Las nuevas ontologías y el giro antropológico han acertado al dinamitar la visión instrumental que la modernidad tiene del entorno. Sin embargo, al intentar erigir una nueva ética de la coexistencia, tropiezan con un viejo abismo filosófico: pretenden deducir un «deber ser» moral a partir del mero «hecho» empírico de nuestra interdependencia biofísica. ¿Cómo escapar de la trampa del relativismo cuando asumimos que múltiples narrativas y realidades coexisten? En este ensayo planteo la necesidad de renunciar a cualquier esencialismo y partir de un estricto «cero axiológico». Solo asumiendo nuestra orfandad de valores previos podremos utilizar el prototipado como herramienta procedimental para co-construir, mediante el ensayo y el diálogo fundamentado, un mundo genuinamente más que humano.
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