Ni capricho unilateral ni inmovilismo legalista: una vía democrática y exigente para encauzar las reclamaciones de independencia. Este texto desarma la carga emocional de las banderas para abordar la ordenación territorial como un problema estrictamente procedimental. El autor defiende que la ciudadanía actual tiene derecho a revisar las reglas del juego y propone una hoja de ruta precisa: transformar el Estado en una federación e introducir cláusulas de salida que exijan el consenso de tres cuartas partes ($3/4$) tanto de los parlamentos como de la población afectada. Una alternativa rigurosa donde la historia deja paso a la equidad y a la madurez democrática.