El silencio de los uniformes: anatomía de un empujón

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Las imágenes de un policía derribando a una manifestante por la espalda en Valencia han reabierto el debate sobre los límites de la autoridad. Frente a los discursos corporativos que justifican la acción como un desplazamiento involuntario para restablecer el tráfico, este análisis  muestra la absoluta desconexión entre el medio empleado y el fin declarado. A través del examen de la trayectoria del agente y, sobre todo, de la total ausencia de auxilio tras la caída, el artículo desvela que el  objetivo de la maniobra parece ser la intimidación.


Se ha hecho viral el vídeo en el que se ve a un policía empujar a una manifestante por la espalda. Las imágenes son claras, desde luego.

Se ha hablado de fuerza desproporcionada de ese policía, de violencia, de brutalidad policial. Pero es algo más que eso o algo diferente. De ahí que entre a analizar las imágenes, pero primero me gustaría citar algunos de los titulares y contenidos que me parecen relevantes de algunas organizaciones policiales.

La voz del sur cita literalmente declaraciones de UFP | Unión Federal de Policía – Sindicato Policía Nacional

  • «cuando una masa corporal en movimiento entra en contacto con otra que permanece inmóvil, pueden producirse desequilibrios, caídas o consecuencias no previstas, especialmente en escenarios dinámicos y de elevada tensión operativa»,
  • y ha rechazado «los intentos de presentar cualquier uso legítimo de la fuerza como una agresión gratuita». «[…] Si sales a cortar calles, te expones a que te retiren de ellas».
  • «El agente se encuentra en movimiento, formando parte de una acción colectiva de avance policial, mientras actúa sobre una persona que permanece estática. El resultado final de esa interacción no es el deseado por el funcionario actuante ni forma parte del objetivo de la maniobra. Si la finalidad policial es retirar a una persona de la calzada para restablecer la circulación y garantizar la seguridad, resulta evidente que nadie pretende que dicha persona termine en el suelo y permanezca en la vía pública. El objetivo es el desplazamiento, no el daño»

En estas manifestaciones cabe resaltar algunos aspectos.

1. Una lección de física de preogrullo, imagino, para el agente que empuja a la profesora. Ha faltado señalar que el resultado final tiene que ver con la fuerza que se ejerce. Imaginemos que simplemente le da, corriendo, una palmadita en la espalda. Eso, seguramente, habría producido un resultado diferente. En cualquier caso, esta lección elemental de física la conoce, seguro, el policía y eso debería haberle llevado a ser prudente en la fuerza que se ejerce, precisamente para evitar desequilibrios.

2. En la segunda cita, se dice que se ha intentado presentar el «uso legítimo de la fuerza» como una agresión gratuita. Y eso está por demostrar. No se puede partir de la idea de que todo agente es proporcionado en la fuerza que ejerce. Es legítima en la medida en que se ejerce con la proporcionalidad adecuada, si no es ilegítima. La legitimidad aquí hace referencia a una acción particular y no se cuestiona que la policía como institución tiene legitimidad para ejercer la violencia. Se trata de valorar si, en este caso, esa legitimidad queda salvaguardada.

3. Efectivamente el agente se encuentra en movimiento y, quizá, o casi seguro, el agente no pretendía el daño provocado. Pero lo provoca. De la ignorancia de cómo una fuerza que se ejerce sobre una masa inmóvil no se deduce que el acto no sea punible. Simplemente se le exime de intencionalidad criminal. Incluso esta deberá investigarse. Quizá podamos imaginar que el agente estaba poseído por una rabia contenida hacia los manifestantes y es esta rabia la que le impide graduar la fuerza. ¿Le exime esta emoción de las consecuencias que produce?

4. En la tercera cita se menciona un contexto: el movimiento del agente (la carrera) forma parte «de una acción colectiva de avanza». Y eso parece que cuadra. Pero hay otros agentes que no actúan de la misma manera que este. Hay un primer policía que podría haber hecho lo mismo. ¿Por qué no lo hacen otros y éste sí?
 
Vayamos, pues, al vídeo. Creo que en este caso las imágenes son bastante claras.
 
Fragmento 1: a baja velocidad. Vídeo de «El Mundo»
 
 
Lo primero que llama la atención es que la calle está bastante vacía, no hay tumulto (al principio del vídeo). Un policía precede ligeramente al policía del empujón. Esto se aprecia a partir de los 8 sg. y también en el  fragmento 2:
 
 
También se ve claramente que el policía del empujón se desvía de su trayectoria lógica para empujar a la manifestante. Ésta no está en su trayectoria, lo que indica que es un acto voluntario, no es que moleste, no es que se la quite de encima.
 
De hecho yo diría que el empujón es poco eficaz para sacarla de la calle que, se supone, es la intención de la policía según todas las declaraciones en su favor. El empujón, en el mejor de los casos, podría desplazar un metro o dos, pero, por lo que se ve en el vídeo, no sería suficiente. Esto da que pensar sobre la intención del policía. Está claro que su intención no puede ser que del empujón salga de la calle. La única explicación posible es que quede intimidada por la violencia. Esto también explicaría por qué el empujón es así de violento. El efecto buscado, aventuro, es simplemente la intimidación.
 
A lo lejos no se aprecia que haya una multitud de manifestantes. Más bien yo diría que son escasos. Podría entender que en un tumulto la tensión, el agobio, etc. podría provocar desmesura. Pero no es el caso. Hay poca gente. Lo razonable habría sido, si la intención es sacar a la manifestante de la calle, que el policía se parase y la invitara, con más o menos violencia, a que abandonara ese lugar. Pero tampoco es el caso.
 
Lo más chocante es lo que pasa después. Si el policía no se da cuenta del efecto de su empujón inicialmente porque sigue la carrera, sí que se entera después.
 
Fragmento 3:
 
Se aprecia cómo se dan la vuelta ambos policías, se encaran con los 7, quizá diez manifestantes que están en la acera y se vuelven en algún momento hacia la mujer que ha caído. Además, el fragmento no tiene el audio, pero en el original se oyen las palabras de manifestantes llamando la atención sobre la caída.
 
Si el policía fuera consciente de las consecuencias de un acto involuntario en la aplicación de la fuerza, si el objetivo no es el daño como se ha dicho en declaraciones, creo que lo lógico sería interesarse por la mujer, algo que no ocurre. Esto es realmente lo más deplorable. Puedo entender, aunque también me cuesta, que haya sido un error, una acción no intencionada, pero lo que sí que no comprendo es la ausencia de preocupación por la mujer. Eso sí que es imperdonable. 
 
Otra cosa que me ha llamado la atención es que en ningún momento se ha manifestado el policía sobre el hecho para interesarse, para disculparse, para… Sólo silencio y eso lo hace más culpable de violencia gratuita.
 
Esta última afirmación, contraria a ciertas declaraciones oficiales de sindicatos policiales, se sostiene porque nada de lo que se aprecia durante ni después dan indicios de lo que puede ser un error. Para mi es violencia gratuita (no está en su trayectoria, no hay un gran tumulto sino más bien lo contrario, es razonable pensar que el policía sabía o debería saber que ese empujón fuerte puede tener consecuencias como las que tuvo, no se interesa por la mujer, etc.). Sea consciente o no el policía.
 
En este sentido creo que una acción de este tipo debe conducir a una investigación que entre en el trasfondo de la motivación del policía o de la inconsciencia o de la falta de formación en empatía.
 
Por último, la cuestión de si, como ha dicho Sempér, reiterando el «respaldo a las Fuerzas y Cuerpos de la Policía Nacional», y afirmando que la inmensa mayoría de los agentes «se comportan siempre con el escrúpulo debido».
 
Esta forma de abordarlo sitúa el incidente como una cuestión individual, algo aislado. No se trata de la policía en general sino de un policía. Y tengo mis dudas. Obviamente no se puede condenar a un colectivo por la actuación de una parte y no lo voy a hacer.
 
Pero también es cierto que tengo dudas sobre la formación humana de los cuerpos policiales. No se trata sólo de «derechos» sino de empatía. El segundo policía, ese que va algo avanzando respecto del que da el empujón, tampoco se interesa por la mujer caída. ¿Es un patrón o simplemente son dos individualidades que actúan fuera del patrón? Esa es mi duda y planteo una llamada de atención necesaria sobre la necesidad de que quienes ostentan el monopolio de la fuerza del Estado jamás pierdan el anclaje de la empatía y la responsabilidad ciudadana.

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