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Durante los meses más duros de la pandemia, mientras el mundo se confinaba entre el miedo y la sobreinformación, me propuse ordenar el caos de teorías que inundaba las redes. Lejos de intentar refutar cada hipótesis, este escrito nació de un «despertar particular»: la necesidad de comprender el caldo de cultivo que hace creíble la sospecha. Recupero hoy este análisis para reflexionar sobre cómo la desregulación, la pérdida de servicios públicos y una antropología basada en la competencia feroz han quebrado el pacto de confianza entre la ciudadanía y las élites. Una mirada retrospectiva que, lejos de perder vigencia, explica perfectamente el malestar de nuestro presente.
No sé cómo plantear el tema, la verdad. Las teorías sobre conspiraciones son muchas y diversas y entrar en ellas quizá sea inútil. La mayor parte de ellas son anteriores a la pandemia e introducen la pandemia dentro del esquema de la conspiración, del tipo que sea. Para simplificar yo clasificaría en 4 tipos de teorías. Por supuesto, esto es una simplificación.
Yo distinguiría entre teorías conspiranoicas de carácter religioso-místico de otras que se refieren a intereses materiales humanos. Para aclararlo:
- Teorías de carácter religioso-místico: Las que hablan de una lucha entre fuerzas espirituales que pueden reducirse a una lucha entre el bien y el mal en un sentido metafísico, espiritual, energético, etc.
- teoría de los sombreros blancos,
- la alianza internacional por la tierra o por el planeta,
- La lucha de la luz frente a la oscuridad (Sol Martínez).
En este tipo de teorías se habla mucho del despertar de la conciencia, de carácter individual como forma de enfrentarnos al mal. Este despertar implica muchos supuestos teóricos sobre qué es la vida (es conciencia cósmica, espiritualidad, energía, divinidad…). Desde este tipo de teorías se hacen concreciones terrenales señalando los poderes como parte de la luz o la oscuridad, son antipartidistas o antiideológicos y su lucha es de carácter individual utilizando la teoría de la masa crítica: el 20% de los que han despertado pueden mover el mundo hacia el bien, hacia un mejor mundo, etc. (esto simplificado)
- Teorías que hablan de luchas de poder o de mantenimiento del estatus que se centran especialmente en el control de las mentes, de las personas… Son las teorías que hablan de grupos de poder en la sombra, intereses económicos de las grandes corporaciones, de alianzas entre éstos y los poderes institucionales, nacionales e internacionales, etc. Aquí encajan las sospechas sobre grupos como Bilderberg, o los juegos de simulación como el que Radio Vórtice señala en su última píldora a partir del evento 201 de simulación de una pandemia (Fundación Gates, OMS, Bloomberg, John Hopkins)
- A caballo entre estos dos tipos y mezclándose con las anteriores de diferentes formas está la teoría de una lucha entre intereses globalistas (que suelen relacionarse con el socialismo (globalismo socialista) e intereses nacionales (que suele identificarse con posiciones “supremacistas” y aquí se utiliza a Trump como icono o modelo del supremacismo en defensa de los estados nacionales frente a los que defienden la globalización).
- Hay movimientos que se focalizan en objetivos concretos por muy diversos motivos y que conectan o no teorías conspirativas de carácter más general. Es el caso de los movimientos antivacunas, anti 5G, antiwifi (ondas electromagnéticas en general), por ejemplo.
Por supuesto esta clasificación simplifica la diversidad, pero es para entendernos. En principio creo que no debemos entrar en el primer tipo de teorías porque dependen de creencias globales (visión metafísica del mundo y de la vida). Tampoco me centraría en las del tipo 4 porque se mezclan con las del tipo 1 y las del tipo 2 y 3.
Las teorías del tipo 2 y 3, se refieran a intereses materiales (aunque mezclando cuestiones ideológicas, especialmente las del tipo 3) tienen más sentido: se hace referencia a las élites económico políticas que están o pueden estar interesadas en mantener su dominio y su estatus socioeconómico que implica la defensa de un sistema económico determinado. Y, en este sentido, cabe imaginar que este tipo de intereses mueven el mundo y que estos intereses se dirijan a mantener las reglas del juego económico que les ha posibilitado estar en la élite (esto independientemente de si creen en la bondad de lo que hacen o no).
En este sentido podríamos decir que detrás de esto podría haber lo que Susan George expuso en su libro El pensamiento secuestrado: lo que hubo desde finales de la 2ª guerra mundial es una lucha entre dos planteamientos del capitalismo, el de Keynes y el de Hayek, que luego continúa Friedman.
Inicialmente triunfa Keynes, pero ese triunfo no hizo otra cosa que organizar a los seguidores de Hayek (que incluye a los poderosos) para dar la vuelta a la tortilla, tortilla que empezó a cuajar a partir de Reagan y Thatcher. Desde los años 80 hemos asistido a un crecimiento cada vez más rápido del modelo de capitalismo salvaje, en contra de lo que otros llaman el modelo europeo del bienestar social. La caída del modelo soviético fue un empujón decisivo. Así, todas las respuestas a las crisis cíclicas del capitalismo han ido siempre en la misma dirección: desregulación del mercado, eliminación de los servicios públicos y sustitución por servicios sociales privados, etc.
A esta lucha se añade la globalización acelerada que hemos vivido, asunto que despierta perspectivas de carácter nacionalista o patriótico. Y de ahí se extiende la idea de que lo que hay es una lucha entre los que defienden los estados nacionales y los que defienden la globalización. Pero esto lo que hace es desviar la atención hacia cuestiones que no sé si son relevantes.
Ninguna de ambas corrientes tienen nada que ver con la buena vida, con la dignidad humana o con los derechos sociales de las personas. Ambas defienden el capitalismo (más neoliberal y desregulado) donde el ser humano como tal no se tiene en cuenta.
¿Existe esa mano oculta en el caso del coronavirus? Cabría imaginar la posibilidad dado que produce un escenario apocalíptico desde un punto de vista económico, genera dudas sobre la globalización, pero al mismo tiempo es bueno para la globalización porque puede servir de justificación de un poder centralizado mundial.
Por un lado, podríamos atribuir el coronavirus al supremacismo, a aquellos que quieren cuestionar una globalización en el que los estados nacionales pierdan el poder, sería coherente con la estrategia. Por ejemplo, le viene bien a Trump. Por otro lado, podríamos imaginar que los intereses económicos de las farmacéuticas, los fondos de inversión que pueden comprar a bajo precio… están detrás de la pandemia.
Pero, ¿es esto cierto?. La verdad es que me resulta difícil decantarme, pero estoy convencido que detrás de las reacciones a la pandemia hay desde luego intereses inconfesables y que la humanidad no es el valor a defender.
Pero para mi, lo que es más importante, mi despertar particular, viene de otro sitio: ¿Cuál es el caldo de cultivo de todas las teorías sobre conspiraciones? Esta es la cuestión. Da igual si es cierto que hay una mano oculta o más de una detrás. Aunque no exista, existen las teorías y si existen habrá que preguntarse cómo es que existen. Y eso lo tengo claro:
- En primer lugar: Expresa un problema de confianza y credibilidad respecto de la autoridad político-económica y sobre la información a la que accedemos. En definitiva, lo que yo veo es una crisis de legitimidad de las instituciones regidoras, del poder para una parte significativa de la población. Pero, ¿cuál es la causa de esta crisis de legitimidad?
- Para resumir: la raíz de todo ello es un sistema económico que organiza las sociedades en todo el planeta, que define las relaciones internacionales, que define la forma en que se produce la globalización: un sistema basado en la competencia, el capitalismo, que necesita para sobrevivir:
- La falta de transparencia porque es en ella donde puedo conseguir la ventaja en la competencia.
- Una visión del ser humano como un ser que persigue sus deseos, intereses… de forma egoísta y es en la competencia dentro del mercado donde estos intereses se juntan y produce el movimiento de capital que permite el progreso
- Una visión de los derechos humanos centrados en los que se denominan derechos negativos (los derechos de libertades formales: movimiento de capitales, de personas, de expresión, de iniciativa privada, de compra y venta en general) y que pone objeciones a los derechos sociales (vivienda, salud, educación).
- Una concepción de la libertad meramente formal: soy libre para viajar, pero sólo puedo hacerlo si tengo dinero para ello…
- Una visión de la democracia constreñida a estos derechos individuales y formales que implica que no todos pueden participar en las decisiones
En un sistema así, la desconfianza es inevitable y sana: sé que los demás utilizarán su posición social para obtener y mantener la ventaja. Todo está permitido mientras no se sepa.
Esta desconfianza tiene su razón de ser, es comprensible porque:
- Conocemos muchos casos nacionales e internacionales que hacen razonable que dudemos de la información oficial, de los intereses generales que dicen seguir en las decisiones que se toman… Un ejemplo paradigmático fue el golpe contra el gobierno de Allende en Chile. Entonces (esto lo he vivido yo) se decía que estaba apoyado, orientado, motivado por los intereses estadounidenses a través de la CIA. Que había sido preparado por ella y se habían dotado de estrategias de guerrilla urbana. Esto es lo que se decía fuera de los cauces oficiales, cauces que negaban todo lo anterior. Cuando se desclasificaron una parte significativa de los papeles relacionados con el tema, se confirmó lo que entonces se decía. Es un ejemplo, pero hay otros muchos.
¿De dónde surge esta desconfianza, cuál es la raíz? En la forma en que nos entendemos como personas.
- Sabemos que como “personas” tenemos intereses, deseos, motivaciones que pueden ser tanto espantosas como loables.
- También sabemos que hay una conexión entre estos intereses, deseos, motivaciones y el poder económico y/o político. Y eso nos facilita pensar que es altamente probable que actúen en la sombra para defender su forma de vida.
- La corrupción de un Rodrigo Rato (fenómeno micro) es lo mismo que la intervención de la CIA en el Chile de Allende en términos de legitimidad. Rato o Bárcenas o la CIA hacen lo que hacen para defender, mantener… un estado de cosas que tiene que ver con intereses particulares. Y todo ello debe hacerse en “secreto” porque desde un punto de vista de la moral pública sería inaceptable.
Así pues, es razonable y sano que sospechemos de la existencia de intereses particulares detrás de los que mandan en el mundo. Ejemplos no nos faltan.
El origen de la sospecha (la crisis de legitimadad) está en una forma de vida que se organiza en torno a un sistema económico estructuralmente desigual. Esta desigualdad que genera el propio sistema económico precisa de una visión del ser humano, como un ser “libre”, con voluntad propia y soberana, materialmente motivado para seguir sus propios intereses (egoísmo positivo) y lleno de deseos, no todos ellos confesables. Y esta visión es necesaria para justificar la competencia como el motor de la riqueza. Esta competencia debe ser entre ciudadanos libres, con voluntad y razón propia, que siguen egoístamente sus deseos porque en esa competencia se produce el progreso y la riqueza del país, del mundo…
Por supuesto a esta idea hay que añadir la teoría del mérito individual y, por tanto, del esfuerzo como clave del éxito.
La pobreza, por ejemplo, se explica por la falta de voluntad, esfuerzo, deseo para competir de los más pobres, esto es, se lo merecen porque podrían cambiar su destino si se empeñan.
En un sistema basado en la competencia el otro con el que compito (no con el que coopero) puede, siguiendo sus intereses y deseos, engañarme, buscar la ventaja más allá de lo legalmente establecido o incluso legalmente. Por ejemplo, el oligopolio de las petroleras y de las cementeras en España está contraviniendo la ley antirust, pero da igual.
En un sistema así, no se salva ninguna institución porque se cree que las instituciones no son otra cosa que el aparato administrativo-jurídico que regula el juego y están al servicio de estos mismos intereses genéricos. Tampoco se salva la ciencia porque ésta aparece ligada a intereses empresariales. No hay casi ciencia básica, sino ciencia aplicada, tecnociencia. Ahí tenemos la desconfianza sobre los medicamentos por su conexión con los intereses empresariales de las farmacéuticas. Y así podríamos seguir.
Este tipo de teorías que llamamos conspiranoicas tienen su base en esta falta de legitimidad que se produce por la falta de transparencia de las élites gobernantes (económicas y políticas) y sus conocidos hábitos de manipulación. Y esta falta de transparencia expresa intereses y deseos particulares a los que puedo identificar con el mal. Y esto me da una teoría que da sentido a lo que experimento, a lo que vivo…
Si queremos cambiar el mundo lo que tenemos que cambiar es la base económica que rige el mundo, una base económica que se basa en la competencia. Desviarnos de esta idea es, en el fondo, caer en la trampa de una lucha entre poderes que mueven hilos que no están a favor del ser humano, sino de los intereses privados para mantener el estatus.
Pero, ¿tiene que ser así, es así realmente? Sí y no. Es decir, existen intereses privados en la sombra, poderes en la sombra. Tenemos muchos ejemplos y datos.
Pero, no toda empresa, político… actúa rigiéndose únicamente por los intereses particulares de permanecer en el estatus que se tiene o de prosperar a cualquier precio. Tampoco toda investigación científica es interesada y algunas interesadas son éticamente interesantes. También existen fuerzas ideológicas en lucha sobre la definición de lo que somos: esto es, antropologías diferentes y antagónicas. Hay una dominante que es la que ya he esbozado. Pero también hay otras que consideran que el ser humano es individualista y competitivo no por esencia, sino por el contexto en el que se forma como ser humano. Es decir, cabe imaginar un ser humano que no busque la ventaja, que no busque el engaño si vive en una sociedad basada en la cooperación, el compromiso con el otro, y la idea de que la sociedad micro y macro no es otra cosa que el lugar en el que nos ayudamos a vivir y ser felices.
Además, tenemos Internet. Un recurso que promueve tanto lo bueno como lo malo. Un medio que abruma con su volumen de información, la posibilidad de un uso manipulativo, pero que permite también que afloren ideas que van contracorriente. Y esto es bueno.
Lo que ocurre con internet es que, aunque es una puerta abierta a visiones del mundo muy diferentes, no solemos utilizarla para enfrentarnos con esta diversidad. Más bien tendemos a confirmar nuestras creencias y no a contradecirlas. Es lo que se llama el sesgo de confirmación que forma parte de nuestra forma de pensar, forma en la que nos hemos formado como personas.
Es decir, Internet se convierte en una herramienta que nos permite vincularnos a otros y otras que piensan como pensamos nosotros y además se convierte en un altavoz que amplifica mi influencia. Es decir, permite llenar el vacío de pertenecer a algo más grande que uno mismo.
Por supuesto, además hay que añadir las cosmovisiones o ideologías diversas que dan sentido a nuestra vida y que nos enfrentan o nos unen. No es lo mismo defender el rol de la mujer centrado fundamentalmente en las tareas de mantenimiento que defender la igualdad real entre el hombre y la mujer, por ejemplo. O no es lo mismo defender la despenalización del aborto que estar en contra de ello,….Tampoco es lo mismo defender una visión de la economía al estilo de Hayek, Milton Friedman y los Chicago boys que el modelo keynesiano o un modelo basado en la cooperación y no la competencia. Ejemplos tenemos:
- la economía del bien común de Christian Felber
- La economía basada en recursos del MZ o la economía del regalo
Tampoco es lo mismo creer en el dios cristiano que defender una visión budista del mundo.
En todo este marasmo tenemos que movernos. Y es necesario que podamos discernir lo que es razonable o con intención de verdad (veracidad) y lo que no lo es.
Fijaos que no estoy hablando de la verdad, sino de veracidad (por cierto, un derecho que reconoce la constitución). Esta es la dificultad. En esta intención de veracidad es importante ser escrupuloso.