Cansados se retiran,
de puro viejo,
estos sentimientos;
las manos bajas,
huyendo,
los ojos recortados
por los truenos.
Allí quedaron,
todos lo sabemos,
el pobre, muerto;
el rojo, muerto;
la mujer, muerta;
los dioses, muertos.
Como postes quedaron,
luces anegadas
por las lágrimas
de tantos desconsuelos.
Allí quedaron, también,
Nuestros sueños.
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