Llegaste sin auroras que te anunciaran

Tiempo de lectura: 2 minutos

A Flora

Llegaste sin auroras que te anunciaran,
anudando las palabras con tu sonrisa.

No fue de golpe, no;

un río lento que tus ojos mecían
Filtrábase por los poros de mi presente;

mar, al fin,
o cascada violenta,

qué sé yo;

así, en un instante,
unos labios calientes,
aroma de mil diablos rizábase, ascendía, cálido.


Ausencia, también recuerdo.

Quizá tu, quizá yo,
quizá el beso,
tu cuerpo, tu olor,
quizá el beso,
mi cuerpo y tus manos a su encuentro.

Tu voz reposa lenta en mi memoria,
de ayer, de hace un rato, un siglo quizá:

                                                      ¿Un cuánto?


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